Te quiero salvar, me quiero salvar, pero es tan fuerte el dolor, el olor a sangre, y el miedo de que nada cambie. No quise, no lo pedí, nadie me preguntó. Nunca se consulta nada, nunca importa, si no ves no sentís. Y es tan fácil enceguecerse para no sufrir, mientras alguien en algún lado pide a gritos un rescate.
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