jueves, 13 de noviembre de 2014

Ella, víctima y victimaria.

Ella poseía, cierta tranquilidad, y un impulso mortal.
Si se le ocurría, te saltaba a la yugular, sin importarle la sangre a derramar.
Y luego, se largaba profundamente a llorar, persona sensible, en verdad.

El tiempo pasaba y cada cosa a evaluar, ocupaba un nuevo lugar,
se juntaban en un eterno malestar, las cuerdas sin desanudar.
Para ella cada día independiente de otro era, y todo creía poder solucionar,
luego se empeñaba en buscar el ¿Porqué?, o un simple ¿Qué?,
y era capaz de rasgar cielo y tierra, aunque debiera abandonar la hermosa simpleza,
de una pregunta sin ninguna respuesta cierta y verdadera.

Ella, no se conformaba fácilmente, pero se rendía, ante cada caída incipiente,
y así todo continuaba de manera menos exigente.
Se imponía a ella y al resto, pruebas constantemente,
tal vez era su deseo pesimista, comprobar la implacable mala suerte,
el tropiezo involuntario tan frecuente,
la tristeza sorpresiva, luego de una sonrisa.

Ella miraba al futuro con ansias, planeaba, adecuaba, acomodaba,
y en un solo pensamiento, todo aquello desarmaba,
se creía humilde, no mucho necesitaba, sin embargo, nunca nada le alcanzaba,
algo de que quejarse necesitaba,
ella tan mentirosa, confiaba en sigo misma y se traicionaba.

También miraba al pasado, esperanza,
de regreso y calma, nostalgia, infinita, innecesaria,
solo un bello motivo triste para soltar una lágrima,
y era víctima del paso del tiempo, y de los acontecimientos,
ella, nunca se hacía cargo de nada.

Ella, tan víctima y victimaria, que confiaba en sigo misma, y se traicionaba.

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