Era un pequeño payaso, un pequeño grande, que le sacaba sonrisas a los que de veras eran pequeños. Vivía en una casa pequeña, con pocas cosas y algunos amuletos, todas las mañanas hacia el parque, dirigía sus enormes juegos, se pintaba un poco y alegraba bajo el sol, niño, niño, pequeño, sonríe que todo puede ser mejor, niño, niño, pequeño, ríe y baila como yo. Los niños tan fascinados, observaban a ese extraño payaso, en cambio los grandes desconfiaban, de esa sonrisa casi mágica. El pequeño grande miraba, a los que de veras eran grandes, y aunque sabía que no lo comprendían, reía y jugando seguía, esperando que los pequeños, los que de veras eran pequeños, de grandes, sean también pequeños grandes.
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