Dime, si la verdad tienes tú,
si conoces el despertar,
y la luna te ha contado,
lo que solo ella sabía,
y nadie más, y nadie más.
Dime, si piensas decirme al oído,
lo que quiero escuchar,
pues no quiero inventar,
y tampoco quiero esperar, nunca más.
Podría desifrar, podría especular,
pero prefiero oír tu voz, y en tus ojos descubrir,
lo que sola no podría, lo que sola no sabría,
tal vez por falta de aprendizaje, o de coraje,
o un par de impedimentos, que aparecen de vez en cuando, de la nada.
Dime, si dispuesto estás a transitar,
verdes pastos, profundos cielos,
largos viajes, quizás sin retorno.
Pues no quiero yo engañarte, ni engañarme,
ni pretender, ni esperar,
nunca más, nunca más.
Así que dime, si así no lo prefieres,
tal vez por falta de aprendizaje, o de coraje,
y por favor dime, si la luna te ha contado,
dímelo al oído, y seamos dos los entendidos.
sábado, 20 de diciembre de 2008
viernes, 19 de diciembre de 2008
Ese día va a llegar
Ellos hablan, y se expresan,
en nombre de la violencia,
la violencia que los caracteriza,
contra las mentes, contra las almas.
Destrozan todo a su camino,
destruyen, hacen añicos.
Ellos no sienten, solo desarman,
aquello que se construyó,
con el esfuerzo de muchos,
con los sueños de muchos,
con las manos y con los pies,
con el incesante y fuerte latir,
de los que optaron por no callar,
cuando se les estaba prohibido hablar.
No les importa, aquel niño, aquel viejo, aquella mujer,
no les importa, la vida, la dignidad, ningún derecho,
intentan oscurecernos la mirada,
intentan tapar con blanco,
lo que claramente es negro, y se equivocan.
Actúan desde lejos, utilizando como escudo,
la indiferencia, la ignorancia,
mediocridad de pensamiento,
pobreza de sentimiento.
Van por ahí, aplastando cabezas,
quemando ideas, postergando sueños.
Van por ahí, tratando de locos a los cuerdos,
a los que no se dejan engañar, a los que quieren mejorar,
a los que aman a los demás,
y creen en mí y en vos, y en él, y en ella,
y por eso viven, y por eso siguen.
Y sueñan con libertad, y sueñan con igualdad,
y no se dejan conformar, y no se dejan manipular,
por crueles parásitos, de injusta sociedad.
Y piensan en mí y en vos, y creen en la existencia de un mundo mejor.
Y llegará ese día, en que las manos opresoras desaparezcan,
por aquellos que ya no están,
y por aquellos que pronto vendrán,
con una sonrisa desde sus nacimientos,
un gracias, y un debo continuar.
en nombre de la violencia,
la violencia que los caracteriza,
contra las mentes, contra las almas.
Destrozan todo a su camino,
destruyen, hacen añicos.
Ellos no sienten, solo desarman,
aquello que se construyó,
con el esfuerzo de muchos,
con los sueños de muchos,
con las manos y con los pies,
con el incesante y fuerte latir,
de los que optaron por no callar,
cuando se les estaba prohibido hablar.
No les importa, aquel niño, aquel viejo, aquella mujer,
no les importa, la vida, la dignidad, ningún derecho,
intentan oscurecernos la mirada,
intentan tapar con blanco,
lo que claramente es negro, y se equivocan.
Actúan desde lejos, utilizando como escudo,
la indiferencia, la ignorancia,
mediocridad de pensamiento,
pobreza de sentimiento.
Van por ahí, aplastando cabezas,
quemando ideas, postergando sueños.
Van por ahí, tratando de locos a los cuerdos,
a los que no se dejan engañar, a los que quieren mejorar,
a los que aman a los demás,
y creen en mí y en vos, y en él, y en ella,
y por eso viven, y por eso siguen.
Y sueñan con libertad, y sueñan con igualdad,
y no se dejan conformar, y no se dejan manipular,
por crueles parásitos, de injusta sociedad.
Y piensan en mí y en vos, y creen en la existencia de un mundo mejor.
Y llegará ese día, en que las manos opresoras desaparezcan,
por aquellos que ya no están,
y por aquellos que pronto vendrán,
con una sonrisa desde sus nacimientos,
un gracias, y un debo continuar.
viernes, 12 de diciembre de 2008
Como un gato en la noche
Como un gato, en la noche, esquivando, doblando, espiando, mirando de reojo, un poco por desconfianza, por prestar atención. Le gustaba la soledad, para pensar y caminar, para no depender de nada ni nadie más. La luna, única compañera, única observadora. Y nada podía hacerle daño, a pesar de su tamaño, poseía la fuerza de tres leones hambrientos y sedientos a la hora de atacar, sino, aparentemente dormidos. Campera negra con capucha, y bufanda tapando cuello, boca y nariz, solo unos ojos, iluminados por la luz de los faroles, mostraban el camino y guiaban a quienes atraídos por la curiosidad, trataban de seguirle el paso. Rondaba por esquinas, distintos barrios, nunca se le conoció más que sus ojos, aquellos ojos que nunca miraban fijo, tal vez, para no encariñarse, ya que como dije antes, le gustaba la soledad. Y no se supo su nombre, su proveniencia, ni su edad, ni si tenía familia, solo unos ojos, vagando por calles y calles, de noche, con la luna siempre por detrás, única compañía.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Palabras y pequeña historia
Había una vez un hombre, muy particular, tenía una cualidad única jamás antes vista, en vez de manos tenía pies, y en vez de pies las manos, eso era verdaderamente extraño, ya que imaginense como hacía para caminar y agarrar objetos u otras tantas cosas que con las manos y los diez dedos que estas poseen se hace, yo no se los explicaré, es demasiado difícil. Usaba un reloj en el tobillo..o mejor dicho..en la muñeca...que confuso!, pues lo importante es que ese reloj cada vez que cambiaba de hora, emitía sonido de trompeta, un reloj muy divertido y tan particular como su estructura de manos y pies. Sus ojos tampoco eran normales, o más vale decir, su ubicación, en su cara el orden de arriba hacia abajo, era nariz, ojos y boca, era medio raro visualmente, pero jamás le trajo complicaciones el orden de los componentes de su cara.
Todos los días antes de dormir, era costumbre para el, comerse un alfajor, siempre uno distinto, uno que jamás había probado, no se como hacía eso, ya que no conozco yo tantos diferentes tipos de alfajores, pero así era, cada noche un alfajor, que comía con su boca debajo de sus ojos. Su habitación era muy, pero muy pequeña, solo había en ella, un colchón, una almohada y una estufa, para calentarse los días de frío, a pesar de la falta de objetos y pertenencias, le alcanzaba para vivir cómodamente, y era muy fácil ordenar su habitación, eso era un punto a favor. A la mañana cuando se levantaba, desayunaba un plato de fideos sin condimentar, como no le gustaba el largo de los fideos, los cortaba con tijera por la mitad, y recién ahí comenzaba a comer, cuando encontraba algún fideo que le había quedado un poco largo, lo acortaba con un saca puntas, obviamente, pero aclaro por las dudas, sacándole punta con el mismo, era un hombre bastante estructurado y obsesivo con ese tema. Un día, a la mañana, mientras cortaba sus fideos con tijera, oyó un fuerte ruido que provenía de afuera de su hogar, salió a ver, y encontró un pequeño meteoro, quién sabe de donde venía, lo agarró, y se quemó el pie, digo, la mano, porque aún estaba muy caliente, pero aguantó el dolor y lo envolvió en un diario que tenía, una vez envuelto por completo, lo guardo en una caja de un extraño color, el cual no voy a describir, ya que sería imposible, usen la imaginación, y a esa caja la ató con un hilo dándole muchisimas vueltas alrededor, como escondiendo un gran tesoro hallado. La guardó debajo de su almohada, de pronto apareció un gato, "Hola", le dijo el hombre al gato, pero el gato no contestó. A la noche, del mismo día del meteoro, tuvo un sueño extraño, donde el poseía un escopeta, que al dispararla salía expulsada una cuerda con la cual podía atraer aquello que quisiera agarrar, ya sea un objeto, o quien sabe que, sin necesidad de usar sus pies para ello. No le encontró significado alguno al sueño, había sido un sueño corto y con muy poca trama, pero le resulto simplemente un sueño extraño...AH! perdón! antes cuando dije pies, quise decir manos, sepan disculpar la reiterada confusión, me es inevitable. Y algo muy importante, este hombre vivía en otro planeta, solo y con su pequeña habitación. Tal vez, pensó el hombre, este meteoro que he encontrado hace unos días atrás, proviene del planeta Tierra, planeta realmente extraño, donde la gente tiene ojos, nariz y boca, en ese orden, manos en los extremos de los brazos y pies en los de las piernas. Realmente extraño. Fin.
Todos los días antes de dormir, era costumbre para el, comerse un alfajor, siempre uno distinto, uno que jamás había probado, no se como hacía eso, ya que no conozco yo tantos diferentes tipos de alfajores, pero así era, cada noche un alfajor, que comía con su boca debajo de sus ojos. Su habitación era muy, pero muy pequeña, solo había en ella, un colchón, una almohada y una estufa, para calentarse los días de frío, a pesar de la falta de objetos y pertenencias, le alcanzaba para vivir cómodamente, y era muy fácil ordenar su habitación, eso era un punto a favor. A la mañana cuando se levantaba, desayunaba un plato de fideos sin condimentar, como no le gustaba el largo de los fideos, los cortaba con tijera por la mitad, y recién ahí comenzaba a comer, cuando encontraba algún fideo que le había quedado un poco largo, lo acortaba con un saca puntas, obviamente, pero aclaro por las dudas, sacándole punta con el mismo, era un hombre bastante estructurado y obsesivo con ese tema. Un día, a la mañana, mientras cortaba sus fideos con tijera, oyó un fuerte ruido que provenía de afuera de su hogar, salió a ver, y encontró un pequeño meteoro, quién sabe de donde venía, lo agarró, y se quemó el pie, digo, la mano, porque aún estaba muy caliente, pero aguantó el dolor y lo envolvió en un diario que tenía, una vez envuelto por completo, lo guardo en una caja de un extraño color, el cual no voy a describir, ya que sería imposible, usen la imaginación, y a esa caja la ató con un hilo dándole muchisimas vueltas alrededor, como escondiendo un gran tesoro hallado. La guardó debajo de su almohada, de pronto apareció un gato, "Hola", le dijo el hombre al gato, pero el gato no contestó. A la noche, del mismo día del meteoro, tuvo un sueño extraño, donde el poseía un escopeta, que al dispararla salía expulsada una cuerda con la cual podía atraer aquello que quisiera agarrar, ya sea un objeto, o quien sabe que, sin necesidad de usar sus pies para ello. No le encontró significado alguno al sueño, había sido un sueño corto y con muy poca trama, pero le resulto simplemente un sueño extraño...AH! perdón! antes cuando dije pies, quise decir manos, sepan disculpar la reiterada confusión, me es inevitable. Y algo muy importante, este hombre vivía en otro planeta, solo y con su pequeña habitación. Tal vez, pensó el hombre, este meteoro que he encontrado hace unos días atrás, proviene del planeta Tierra, planeta realmente extraño, donde la gente tiene ojos, nariz y boca, en ese orden, manos en los extremos de los brazos y pies en los de las piernas. Realmente extraño. Fin.
domingo, 7 de diciembre de 2008
Momentos felices
Risas, ruidos, gritos, locura, palabras que pudimos entender, a pesar de la poca elocuencia. Mates, terrazas, noche y luna, saltos, caídas poco agraciadas. Más risas, carcajadas, canciones y cantos, un poco desafinados, historias y frases. Comida, chatarra, bebida, mucha, poca, importa?. Compartir, un momento, dos momentos, miles de momentos, no se olvidan, verdadera compañía, extraño, extraño, lo extraño.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Sin manos, sin hilos
Los convence, les cuenta historias de mentira, y la verdad, la guarda bajo candado, pasa el tiempo, y nada cambia, no se cansa de manejar marionetas a cuerda, sin ocuparse de su propia y pobre actuación, la libertad no es lo que parece y la felicidad es aparente. Quien dijo que la luna alumbra ya? si el sol aún está y no parece querer irse todavía. Lástima me da tu falsa sonrisa y conformismo, te crees dueña de algo y tu eres el títere mayor, el más fácil de utilizar, al antojo de alguien más. Y te crees poderosa, con tus inútiles manos, que utilizas para amasar y moldear seres humanos, deja en paz a los niños ya, que vivan felices, sin manos y sin hilos, marionetas no serán.
lunes, 1 de diciembre de 2008
Una mesa larga, y cuatro habitantes.
Mesa larga,
fiel a aquella lujosa casa,
a pesar de lo iluminada,
sombría en su esencia,
las mismas cuatro personas,
habitantes por costumbre,
se levantan temprano,
aparición visual del sol,
temen por el día que vendrá,
temen por la luz que no puede evitar entrar,
y a la mesa larga sirven el té,
callados, miedosos,
observan sus rostros,
sus manos temblar,
ni una gota se derrama en el mantel,
pues ordenados e higiénicos han de ser,
ojos que derrochan soledad,
locos, magos de la oscuridad,
se levantan y sin hablar,
un camino distinto han de tomar,
hacia el vacío de sus mentes,
fieles, a aquella lujosa ciudad.
fiel a aquella lujosa casa,
a pesar de lo iluminada,
sombría en su esencia,
las mismas cuatro personas,
habitantes por costumbre,
se levantan temprano,
aparición visual del sol,
temen por el día que vendrá,
temen por la luz que no puede evitar entrar,
y a la mesa larga sirven el té,
callados, miedosos,
observan sus rostros,
sus manos temblar,
ni una gota se derrama en el mantel,
pues ordenados e higiénicos han de ser,
ojos que derrochan soledad,
locos, magos de la oscuridad,
se levantan y sin hablar,
un camino distinto han de tomar,
hacia el vacío de sus mentes,
fieles, a aquella lujosa ciudad.
La estrella los llama ya.
Locos de ojos perdidos,
vagabundos de la vida,
aquellos a quienes suelen mirar mal,
a quienes suelen denigrar.
No son bien vistos por esta sociedad,
no saben a donde van a parar,
pero no se quieren quedar,
hartos están de la mente ,
negra y mediocre,
de los muertos de la ciudad.
Llueve y llueve sin mojar,
alumbra alumbra y sin quemar,
aquel sol a lo alto de toda cabeza existente.
Crecieron creyendo en la gente y en su infinita mirada,
pues solo desprecio encontraron,
fríos, vacíos ojos, sin ninguna expectativa,
sin ningún reflejo de vida.
Rojo caliente sobre el alma descuidada,
manos de dedos largos con uñas filosas,
capaces de rasgar el más duro metal.
No quieren esconderse más,
bajo la mentira de la superficialidad,
un buen saco y corbata,
no definen absolutamente nada,
y no los hace libres, ni les da poder para volar,
ni los hace crecer, ni tampoco madurar.
Mira la noche, que oscura está,
mira la noche, la estrella los llama ya,
y casi sin nombrar, sin dudar,
dirigen aquellos sueños rotos,
malgastados e irreconocibles por la normalidad,
en una luz los guardan, y al viaje estelar los van a llevar,
tal vez en ese lugar, las cosas distintas serán.
vagabundos de la vida,
aquellos a quienes suelen mirar mal,
a quienes suelen denigrar.
No son bien vistos por esta sociedad,
no saben a donde van a parar,
pero no se quieren quedar,
hartos están de la mente ,
negra y mediocre,
de los muertos de la ciudad.
Llueve y llueve sin mojar,
alumbra alumbra y sin quemar,
aquel sol a lo alto de toda cabeza existente.
Crecieron creyendo en la gente y en su infinita mirada,
pues solo desprecio encontraron,
fríos, vacíos ojos, sin ninguna expectativa,
sin ningún reflejo de vida.
Rojo caliente sobre el alma descuidada,
manos de dedos largos con uñas filosas,
capaces de rasgar el más duro metal.
No quieren esconderse más,
bajo la mentira de la superficialidad,
un buen saco y corbata,
no definen absolutamente nada,
y no los hace libres, ni les da poder para volar,
ni los hace crecer, ni tampoco madurar.
Mira la noche, que oscura está,
mira la noche, la estrella los llama ya,
y casi sin nombrar, sin dudar,
dirigen aquellos sueños rotos,
malgastados e irreconocibles por la normalidad,
en una luz los guardan, y al viaje estelar los van a llevar,
tal vez en ese lugar, las cosas distintas serán.
Mente problemática
Tal vez producto de la confusión, de las idas y vueltas de la mente, de las emociones contradictorias y de la propia inseguridad, temor a la felicidad, la cual se desea, se busca, pero se cree irreal cuando se encuentra, tal vez por eso es que lloro, tal vez por eso es que no emito palabra, no contesto a tus preguntas, no devuelvo tu sonrisa, tal vez por eso es que aparento no estar, me cuesta cambiar y elijo escapar una vez más.
Te hace desconfiar, te hace pensar, que la mentira en todos lados está, aunque no se la vea, escondida y a punto de saltar, sobre uno, a lastimar. No quiero perder por miedo, no quiero retroceder ni pasar de largo, lo que quiero es no pensar, no pensar y dejarme llevar, por el viento, una risa, una brisa, y el final es el comienzo, el comienzo de otra etapa, diferente, mejorada, sin confusiones creadas por uno mismo, para complicarse, victimisarse, y prohibirse, tal vez por creerse poco, la merecida felicidad.
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