lunes, 1 de diciembre de 2008

Una mesa larga, y cuatro habitantes.

Mesa larga,
fiel a aquella lujosa casa,
a pesar de lo iluminada,
sombría en su esencia,
las mismas cuatro personas,
habitantes por costumbre,
se levantan temprano,
aparición visual del sol,
temen por el día que vendrá,
temen por la luz que no puede evitar entrar,
y a la mesa larga sirven el té,
callados, miedosos,
observan sus rostros,
sus manos temblar,
ni una gota se derrama en el mantel,
pues ordenados e higiénicos han de ser,
ojos que derrochan soledad,
locos, magos de la oscuridad,
se levantan y sin hablar,
un camino distinto han de tomar,
hacia el vacío de sus mentes,
fieles, a aquella lujosa ciudad.

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