Locos de ojos perdidos,
vagabundos de la vida,
aquellos a quienes suelen mirar mal,
a quienes suelen denigrar.
No son bien vistos por esta sociedad,
no saben a donde van a parar,
pero no se quieren quedar,
hartos están de la mente ,
negra y mediocre,
de los muertos de la ciudad.
Llueve y llueve sin mojar,
alumbra alumbra y sin quemar,
aquel sol a lo alto de toda cabeza existente.
Crecieron creyendo en la gente y en su infinita mirada,
pues solo desprecio encontraron,
fríos, vacíos ojos, sin ninguna expectativa,
sin ningún reflejo de vida.
Rojo caliente sobre el alma descuidada,
manos de dedos largos con uñas filosas,
capaces de rasgar el más duro metal.
No quieren esconderse más,
bajo la mentira de la superficialidad,
un buen saco y corbata,
no definen absolutamente nada,
y no los hace libres, ni les da poder para volar,
ni los hace crecer, ni tampoco madurar.
Mira la noche, que oscura está,
mira la noche, la estrella los llama ya,
y casi sin nombrar, sin dudar,
dirigen aquellos sueños rotos,
malgastados e irreconocibles por la normalidad,
en una luz los guardan, y al viaje estelar los van a llevar,
tal vez en ese lugar, las cosas distintas serán.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario