jueves, 11 de diciembre de 2008

Palabras y pequeña historia

Había una vez un hombre, muy particular, tenía una cualidad única jamás antes vista, en vez de manos tenía pies, y en vez de pies las manos, eso era verdaderamente extraño, ya que imaginense como hacía para caminar y agarrar objetos u otras tantas cosas que con las manos y los diez dedos que estas poseen se hace, yo no se los explicaré, es demasiado difícil. Usaba un reloj en el tobillo..o mejor dicho..en la muñeca...que confuso!, pues lo importante es que ese reloj cada vez que cambiaba de hora, emitía sonido de trompeta, un reloj muy divertido y tan particular como su estructura de manos y pies. Sus ojos tampoco eran normales, o más vale decir, su ubicación, en su cara el orden de arriba hacia abajo, era nariz, ojos y boca, era medio raro visualmente, pero jamás le trajo complicaciones el orden de los componentes de su cara.
Todos los días antes de dormir, era costumbre para el, comerse un alfajor, siempre uno distinto, uno que jamás había probado, no se como hacía eso, ya que no conozco yo tantos diferentes tipos de alfajores, pero así era, cada noche un alfajor, que comía con su boca debajo de sus ojos. Su habitación era muy, pero muy pequeña, solo había en ella, un colchón, una almohada y una estufa, para calentarse los días de frío, a pesar de la falta de objetos y pertenencias, le alcanzaba para vivir cómodamente, y era muy fácil ordenar su habitación, eso era un punto a favor. A la mañana cuando se levantaba, desayunaba un plato de fideos sin condimentar, como no le gustaba el largo de los fideos, los cortaba con tijera por la mitad, y recién ahí comenzaba a comer, cuando encontraba algún fideo que le había quedado un poco largo, lo acortaba con un saca puntas, obviamente, pero aclaro por las dudas, sacándole punta con el mismo, era un hombre bastante estructurado y obsesivo con ese tema. Un día, a la mañana, mientras cortaba sus fideos con tijera, oyó un fuerte ruido que provenía de afuera de su hogar, salió a ver, y encontró un pequeño meteoro, quién sabe de donde venía, lo agarró, y se quemó el pie, digo, la mano, porque aún estaba muy caliente, pero aguantó el dolor y lo envolvió en un diario que tenía, una vez envuelto por completo, lo guardo en una caja de un extraño color, el cual no voy a describir, ya que sería imposible, usen la imaginación, y a esa caja la ató con un hilo dándole muchisimas vueltas alrededor, como escondiendo un gran tesoro hallado. La guardó debajo de su almohada, de pronto apareció un gato, "Hola", le dijo el hombre al gato, pero el gato no contestó. A la noche, del mismo día del meteoro, tuvo un sueño extraño, donde el poseía un escopeta, que al dispararla salía expulsada una cuerda con la cual podía atraer aquello que quisiera agarrar, ya sea un objeto, o quien sabe que, sin necesidad de usar sus pies para ello. No le encontró significado alguno al sueño, había sido un sueño corto y con muy poca trama, pero le resulto simplemente un sueño extraño...AH! perdón! antes cuando dije pies, quise decir manos, sepan disculpar la reiterada confusión, me es inevitable. Y algo muy importante, este hombre vivía en otro planeta, solo y con su pequeña habitación. Tal vez, pensó el hombre, este meteoro que he encontrado hace unos días atrás, proviene del planeta Tierra, planeta realmente extraño, donde la gente tiene ojos, nariz y boca, en ese orden, manos en los extremos de los brazos y pies en los de las piernas. Realmente extraño. Fin.

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