jueves, 13 de noviembre de 2014

Intentar

Se vuelve y se vuelve y se vuelve, y uno se cree más fuerte de lo que es, pero todo queda y daña por dentro, creemos en el esquema que creamos para que todo se mantenga en su lugar, pero pronto se derrumba y cada vez es más difícil rearmarlo, cada vez es más confuso, y agobiante, sofocante. Tan pocos son los años, y el contenido se presenta interminable, tan poco es lo que sabemos, y con eso convivimos, en el día a día, peleando con nosotros mismos, y el tiempo no me alcanza para pensar, y no logro acertar, no importa que camino elija tomar, siempre llego al mismo lugar, o abandono, o me abandono, y ambas siempre me hacen muy mal.
¿Cómo es que convive el amor junto al dolor? ¿Hay alguna más poderosa contradicción? Las preguntas son muchas, las respuesta ninguna, y no me alcanza el tiempo para pensar.
No sabía que todo iba a cambiar, no elegí las circunstancias por las que pasar, no elegí los sentimientos, los momentos, no elegí, no esperaba que pasara, no esperaba nada, nada, pero así es como son las cosas, siempre cambian, se transforman, se deforman, tan rápidamente y sin aviso, es tan fácil equivocarse, que da miedo intentar.

Pequeño grande payaso

Era un pequeño payaso, un pequeño grande, que le sacaba sonrisas a los que de veras eran pequeños. Vivía en una casa pequeña, con pocas cosas y algunos amuletos, todas las mañanas hacia el parque, dirigía sus enormes juegos, se pintaba un poco y alegraba bajo el sol, niño, niño, pequeño, sonríe que todo puede ser mejor, niño, niño, pequeño, ríe y baila como yo. Los niños tan fascinados, observaban a ese extraño payaso, en cambio los grandes desconfiaban, de esa sonrisa casi mágica. El pequeño grande miraba, a los que de veras eran grandes, y aunque sabía que no lo comprendían, reía y jugando seguía, esperando que los pequeños, los que de veras eran pequeños, de grandes, sean también pequeños grandes.

Mejor dos

Con una mano, tan solo una, a pesar del silencio, o las nubes que nos cubran.
Tan solo una, cálidamente tuya, cálidamente mía, tan solo una.
Aunque el viento pegue fuerte y se dificulte el caminar,
me da la fuerza, me abraza y corre, la libertad,
me da cariño, nace el amor, con una mano, o mejor dos.

Me enferma

Como una cucaracha, siguiendo tus pasos, cree volar pero se arrastra, se vuelve sombra, se convierte en nada, de pronto se sube a tus pies, sin pedir permiso, cree que te aplasta, pero no sabe que aún no es nada, no sabe, no entiende, se cree la más superada, la más entendida, piensa que es capacitada, pero solo es una imagen, nada real, nada real.
Sus manías, me dan asco, apenas si logro soportarlas, me enferman, y hasta a veces, me dan ganas de pisarla, pero de pronto la veo, tan pequeña, tan minúscula, que me da lástima, me da lástima y lo entiendo, está en su pequeño mundo, ese minúsculo mundo, tan chiquito como lo es ella, tan cuadrado, tan agobiante, tan mediocre, que sigue enfermandome, pero me abstengo, si, lo intento, la evito, y con cuidado, pero solo un poco, no la piso.

Che

Sonreíste hasta el último instante,

que tan lejos puede llegar un hombre,

sos infinito, lograste hacer del fin principio,

y aún te oímos, y te cantamos, y te seguimos,

porque tus pasos, se hicieron tierra con el andar,

porque tu voz, quedó en el aire y sin callar,

qué tan lejos, qué tan lejos, creo que siempre estarás.

Las utopías, pueden ser realidad, lo demostraste,

y por eso te persiguieron, hasta jamás encontrarte,

no pudieron, no pudieron tu luz opacar,

y hoy alumbra, muy fuertemente a la humanidad.

Sigues allí, gritando pueblo,

me han enseñado, que si no nos salvamos, nadie lo hará,

se liberarán, aquellos pueblos que fueron dominados,

aquellos pueblos, maltratados, pisoteados,

de sus raíces, obtendrán las fuerzas, para pelear,

y con tu voz, con tu enseñanza, un nuevo canto se escuchará,

acá, muy cerca, muy lejos, desde el norte, desde el sur,

un canto fuerte, de libertad.


Que tan rápido crees que iba?
Piensas que, a causa de la desesperación que provoca el no llegar,
todo se desfiguró, y me envolví en un tiempo irreal que me llevó a olvidar,
que me llevó a dejar, a perder, y a avanzar.
No lo sé, todavía pienso, pero no me arrepiento.

Ella, víctima y victimaria.

Ella poseía, cierta tranquilidad, y un impulso mortal.
Si se le ocurría, te saltaba a la yugular, sin importarle la sangre a derramar.
Y luego, se largaba profundamente a llorar, persona sensible, en verdad.

El tiempo pasaba y cada cosa a evaluar, ocupaba un nuevo lugar,
se juntaban en un eterno malestar, las cuerdas sin desanudar.
Para ella cada día independiente de otro era, y todo creía poder solucionar,
luego se empeñaba en buscar el ¿Porqué?, o un simple ¿Qué?,
y era capaz de rasgar cielo y tierra, aunque debiera abandonar la hermosa simpleza,
de una pregunta sin ninguna respuesta cierta y verdadera.

Ella, no se conformaba fácilmente, pero se rendía, ante cada caída incipiente,
y así todo continuaba de manera menos exigente.
Se imponía a ella y al resto, pruebas constantemente,
tal vez era su deseo pesimista, comprobar la implacable mala suerte,
el tropiezo involuntario tan frecuente,
la tristeza sorpresiva, luego de una sonrisa.

Ella miraba al futuro con ansias, planeaba, adecuaba, acomodaba,
y en un solo pensamiento, todo aquello desarmaba,
se creía humilde, no mucho necesitaba, sin embargo, nunca nada le alcanzaba,
algo de que quejarse necesitaba,
ella tan mentirosa, confiaba en sigo misma y se traicionaba.

También miraba al pasado, esperanza,
de regreso y calma, nostalgia, infinita, innecesaria,
solo un bello motivo triste para soltar una lágrima,
y era víctima del paso del tiempo, y de los acontecimientos,
ella, nunca se hacía cargo de nada.

Ella, tan víctima y victimaria, que confiaba en sigo misma, y se traicionaba.