A veces caminar descalzo puede ser bellísimo, llenarse de energías, sobre un pasto verde, o sobre el frío marmol en un día de sol. Pero también se puede caminar sobre clavos, sin ninguna protección bajo los pies, sin cuidados, sin preocupaciones, con un ardor subiendo lenta pero fuertemente por cada célula, hasta llegar a la parte más alta del cuerpo, envolviéndote en una burbuja de dolor. Hasta qué punto es buena la intemperie, estar descubierto, ante lo que existe, más alla de uno, lo que no se puede controlar, como el piso que pisar, si aparece y no se puede doblar, el no poder elegir, es lo que me asusta en verdad.
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