
Un simple ojo quería ser hoja, pero un simple ojo era y eso no podía cambiarlo, aunque quisiera. De un modo bastante cuidadoso, se metió entre ramas y flores, e intentó parecer hoja. Pero las hojas, acostumbradas a ver a otras hojas, enseguida reconocieron al simple ojo. Entre tantas hojas no había lugar para un simple ojo, entonces el ojo, triste comenzó a llorar. Las hojas muy pronto descubrieron, que sus lágrimas vida les daba, no les importaba un simple ojo, pero si su llanto. Un simple ojo has de ser, una hoja jamás serás, pero puedes quedarte si prometes llorar, le dijeron las hojas al ojo. Y así el simple ojo aceptó, lloró lloró y lloró y así vivió, entre hojas siendo un ojo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario