
Hablaba y conocía las palabras, las empleaba cuando correspondía, tal cual le habían enseñado desde pequeña. Sin embargo, cuando quería expresar emoción, sensación, sentimiento, no encontraba las palabras adecuadas, pensaba y pensaba y sabía que allí estaban, pero no las alcanzaba. Eso complicaba un poco las cosas, a la gente le cuesta escuchar lo que no se dice, y así, las emociones quedaban en ella, esperando a salir, presionando bien fuerte. Cuando ese momento de búsqueda pasaba, y se resignaba, todo volvía a la normalidad, palabras, palabras y más palabras llenaban el silencio en un instante, no sabía como, solo salían de ella, casi sin significado, casi sin razón. Pronto le volvía a pasar lo mismo…ehh ahh mmm, nada, nada. Nada encontraba para decir que sea entendible para los otros, nada que verdaderamente expresara lo que sentía y deseaba comunicar. Resignación, aunque felicidad sintiera, se transformaba en dolor al no poder compartirla. Malditas palabras que cuando se las necesita no aparecen.
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