Iba por calles, esquinas, negocios y bares, parques y lugares cubiertos. Conoció a un hombre, uno de los tantos días; ese hombre era un vendedor, de qué?, no se sabe con exactitud. Le preguntó por donde quedaba el lugar a donde se dirigía, un lugar llamado Arco Iris, lindo para pasar el rato, agradable, sabía que quedaba por San Telmo. El vendedor, disgustado, al ser interrumpido mientras hacía nada, con cara de mal humorado, giró bruscamente la cabeza al ser consultado; míre, le contestó, yo soy un vendedor, muy ocupado y atareado, no pierdo el tiempo, entiende?, así que vaya y pregunte a algún otro con tiempo suficiente como para responder a esa pregunta sin ganancia alguna. Sin ganancia? le preguntó, yo solo quiero saber donde queda aquel lugar, allí hay gente esperándome, pero tengo suficiente tiempo como para quedarme un buen rato charlando con usted, veo que no está de muy buen ánimo hoy, y eso que el sol brilla en todo su esplendor, dígame usted, señor vendedor, que vende?. Al escuchar estas palabras, el vendedor volvió a girar la cabeza, esta vez lentamente y con cara de no entender. Disculpe? contestó, qué qué vendo?, eso no es de su incumbencia, ni siquiera lo conozco, ni me interesa hacerlo, estoy muy ocupado, lárguese ya. Sólo quería charlar con usted, ha sido muy amable al escucharme, perdón si lo he molestado, ya me marcho, que venda bien. Sin girar la cabeza esta vez, el vendedor se limitó a refunfuñar y siguió mirando atentamente, un papel que parecía en blanco.
Siguió caminando, ya no quería ir a ese lugar, el día estaba hermoso y adoraba caminar en días así. Al rato de aquel encuentro, se cruzó a una señora, edad indeterminada, tirando a mayor, llevaba con sigo muchas bolsas, algunas parecían muy pesadas, caminaba aceleradamente y gotas de sudor recorrían su cara como lluvia. Al verla pasar le preguntó como estaba, si necesitaba ayuda. La señora, al metro de haberlo oído paró y le preguntó rápidamente que había dicho, estaba demasiado apurada como para entender una simple frase; volvió a formular las preguntas. Yo no necesito ayuda, dijo la señora acelerada, no tengo tiempo para ayuda, solo mire todo lo que tengo que hacer, llevar esto a la tintorería, estas cosas a arreglar, vio que todo se rompe hoy en día?, tantas cosas que comprar! y en tan poco tiempo! los negocios ya se cierran! muchas cosas que lavar, muchas cosas que planchar, además de cocinar, no tengo tiempo para ayuda, no tengo tiempo!. Se dio media vuelta y siguió su camino más apresuradamente que antes y arrastrando tres de sus enormes bolsas.
Sintió lástima por la mujer que acababa de conocer, pobre señora, tan poco tiempo tenía. No podía parar de pensar, que raro, sentía que tenía todo el tiempo del mundo y sin embargo la gente estaba tan apurada...acaso debería estarlo él también?.
Caminaba sin un fin específico, solo caminar, hasta que se olvidó de aquellos pensamientos, al ver a un hermoso pájaro, de todos los colores, realmente muy extraño y particular, posado en una alta rama de un árbol sin hojas, que extraño pensó, habiendo tantos árboles de hojas verdes elegir justo este para posarse, se sentó a observar y pensó. Habrá estado allí por más de media hora, admirado y sorprendido, pensaba acerca del asunto, se paró y siguió caminando, luego de observar por última vez al bello pájaro, conforme con la respuesta que había encontrado, había elegido ese árbol porque sabía que lo necesitaba más que los demás, solo le dio un poco de vida, de color, un pájaro solidario.
Contento siguió su camino, si es que existía un camino. Chocó con un parque y decidió cruzarlo, parecía agradable y bastante tranquilo. A la mitad de aquel parque, una niña saltando a la soga le pasó por adelante casi sin verlo, sin notar su presencia. La saludó amablemente, de chico yo también saltaba a la soga, me encantaba, muy divertido, le dijo. La niña dejó de saltar de golpe, casi se tropieza. Estás bien? te lastimaste?, le preguntó. Usted es muy amable, le contestó la niña con la soga ya en la mano, a mi me enseñaron que cuando alguien en la calle es tan amable es porque sus intenciones no son buenas. Me enseñaron que cuando alguien es bueno con otra persona es porque quiere algo a cambio, nada es gratis, eso me enseñaron, la amabilidad me asusta. Volvió a acomodarse y se fue saltando, más rápido que antes, hasta desaparecer en alguna parte del inmenso parque.
Que raro, la gente está rara, o tal vez el raro soy yo, ya no comprendo. Volvió sobre sus pasos hasta chocarse nuevamente con aquel árbol, con ramas sin hojas, aún el hermoso pájaro, de todos los colores, estaba allí. Nuevamente se sentó a observarlo, maravillado y enternecido, el árbol parecía feliz, ahora que el pájaro y su color lo acompañaba. Estuvo allí por horas, pensando, meditando, ya sabía que quería hacer con su tiempo, con su vida, quería ser como aquel pájaro, compartir su color con quien lo necesitara, ese era su propósito, increíble lo que un pájaro, de todos los colores, puede lograr.
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